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Emociones que experimentas cuando te pones a dieta

Emociones que experimentas cuando te pones a dieta

No sé tú, pero las reuniones decembrinas sí me están dejando unos kilitos de más, jajaja. Y ya me imagino en enero cuando me ponga a dieta. Estoy segura que mi humor y mis emociones estarán súper cambiantes. Mi nutrióloga me dice que es normal. Cuando estamos en régimen alimenticio experimentamos una especie de abstinencia, muy semejante a la que sienten personas con alguna adicción. Obviamente hay que respetar las proporciones, pero los síntomas son semejantes.

Para contrarrestar estas emociones, es fundamental primero identificarlas.

¿Qué sucede cuánto te pones a dieta?

El proceso de perder esos kilitos también impacta nuestro aspecto emocional y psicológico. Las emociones que sentimos son:

Euforia


Al principio es común presentar un estado de euforia. Empezamos súper animados y con mucha energía. Aprovecha ese impulso de inicio para ir poco a poco, pero a paso firme.

Lo peor es que te obsesiones con el recuento de calorías, que te mates de hambre o estés tan apurada por bajar de peso que recurras a prácticas milagrosas poco saludables o medicamentos que podrían afectar tu organismo.

Hambre / Ansiedad


Como cualquier periodo de abstinencia es posible que experimentes ansiedad por alimentos que causan adicción.

El hambre y la ansiedad son muy diferentes. Si tienes hambre, come cosas sanas y sacia tu necesidad nutrimental. Pero no te confundas. Cuando experimentas la necesidad de comer cosas grasosas o que te engordan, definitivamente no es hambre real.

Sensación de lentitud (desesperación)


Es normal que quieras bajar de peso lo más pronto posible, incluso puedes caer en la desesperación cuando ves que tus resultados son lentos. Sin embargo, ten en cuenta que no tardaste un día en subir esos 10 kilitos extra. Es un hecho que no subes de peso por una hamburguesa, así que no esperes bajar comiendo una ensalada.

Mal humor


Cuando estamos en un plan para el descenso de peso, según el tipo de dieta y cuan restrictiva sea, puede causar irritación, mal humor, melancolía y hasta puede exacerbar estados depresivos (si es que somos propensos a ellos).

La razón del estado de ánimo irritable tiene que ver con que estás limitando la cantidad y tipo de comida y, si no lo haces de forma adecuada, es probable que estás eliminando nutrientes esenciales.

Asegúrate de incorporar en tu dieta Omega 3 (pescados, mariscos) porque ayudan a estabilizar el estado de ánimo. Los alimentos dulces y carbohidratos también son importantes porque activan neurotransmisores del placer y hacen que produzcamos más serotonina, lo que impacta positivamente en el buen humor. Obviamente no estamos hablando de golosinas y caramelos, sino de la fructuosa de la fruta y carbohidratos complejos.

Culpa


Cuando tenemos la mentalidad de todo o nada es más fácil que sobrevenga la culpa cuando caemos en la tentación y rompemos la dieta. ¡No seas tan estricta contigo misma! Es un Proceso.

Trata de ser lo más apegada posible a una alimentación sana, pero no caigas en los extremos. No pienses que todo se perdió porque te comiste ese chocolate que se te antojó mucho, simplemente sigue adelante.

El problema es que muchas nos vamos como “hilo de media” y cuando rompemos la dieta una vez, nos vale todo y comemos como si tuviéramos el propósito de subir de peso. Sé constante, pero no pasa nada si una vez caes en el antojo, el chiste es retomar el ritmo.

Alegría


Finalmente, cuando después de varias semanas de estar a dieta, vemos que la ropa nos queda mejor y que la báscula marca varios kilos de menos, no podemos sino sentir alegría. ¡Y está bien!

Sin embargo, no te pases de confiada, y creas que una vez que llegaste a tu meta puedes regresar a comer como antes. ¡Error!

Piensa que más que una dieta con principio y fin, estás frente a un cambio de hábitos, una nueva forma de comer, más sana y más placentera.

Fuente: Me lo dijo Lola.


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